SUPERVISIÓN: ESPACIO DE REFLEXIÓN PARA EL CAMBIO A.L.R.

La Supervisión ha sido para mí un espacio de reflexión conmigo misma con el objetivo de conocerme mejor e incrementar el grado de bienestar conmigo misma y con los demás.

¿Para qué me ha servido?

  • Para definir una meta, para ver qué es lo que quiero en mi vida y cuáles son los pasos a seguir para conseguirla.
  • Para cambiar aquellos hábitos que me impedían avanzar en la búsqueda de mis objetivos y del bienestar.
  • Para cambiar mi actitud, sustituyendo la queja por agradecimiento.
  • Para, en vez de ver problemas, ver circunstancias a resolver, reduciendo así el sufrimiento innecesario.
  • Para rebajar el nivel de perfeccionismo que tenía, aprender a relativizar , a no ser tan dura y exigente conmigo misma.
  • Para ir abandonando las ideas irracionales y pensamientos negativos por otros más positivos y útiles.
  • Para quererme más, perdonarme más, permitirme más, disfrutarme más y atreverme más.

En definitiva, gracias a la Supervisión he tenido la oportunidad de sentarme conmigo misma y ver hacia dónde quería llegar, estableciendo una serie de cambios en mi actitud con el objetivo de lograr ese bienestar y de caminar por la vida más contenta.

A.L.R. 2014

EXPERIENCIA DE SUPERVISIÓN A.C.B.

Lo reflejado a continuación es un resumen de un proceso de supervisión, que sigo agradeciendo como una parte importante en el desarrollo de mi tarea como asesor y gestor.

Todo esto que señalo a continuación son consecuencias derivadas de mi paso por la supervisión. Aprender  de manera práctica desde la reflexión de mi trabajo cotidiano a estar atento: a qué me puedo comprometer y a qué no, pensar de antemano las consecuencias que tiene no cumplir los compromisos. Cuál es el mejor momento para establecer una comunicación y ser a la vez consciente en toda conversación de si el espacio que nos rodea  es el más adecuado. Transmitir las cosas y pararme a pensar si el receptor me ha entendido lo que yo he querido transmitirle y comprobar con pequeñas técnicas el resultado, en definitiva detalles que están latentes en nuestras vidas y lo sabemos pero quizás no les damos la importancia que tienen.

Estar atento a estos aspectos, en teoría sencillos, suponen  un ahorro de energía importante para afrontar la actividad laboral.

Entiendo desde mi experiencia que estos profesionales llamados Supervisores no te resuelven los problemas, ni te ayudan a resolverlos con formulas mágicas, pero adquieres una gran orientación y entrenamiento para que tú mismo seas capaz de hacer de un problema difícil un montón de problemas fáciles y aseguro al lector de este artículo, que todos esos “ nudos mentales “ que a veces tenemos y no sabemos como empezar a desatarlos y que son sin duda el problema de nuestro malestar y como consecuencia de nuestro estrés, con unas sesiones de supervisión será capaz de superarlos.

Los problemas en nuestro trabajo o negocio son condicionantes directos de nuestra vida personal y familiar, recapacitar sobre ellos a tiempo nos dan sin duda una mejor calidad de vida.

A.C.B. noviembre 2009

EXPERIENCIA VIVIDA EN EL ESPACIO DE SUPERVISIÓN

Tras aclarar que escribir no es lo mío me lanzo a resumir dentro de lo que puedo la experiencia vivida en este espacio por si pudiera aportar un granito pequeño de arena.

Es imposible reflejar la realidad y sobre todo lo que puede batir mi cabecilla en unas líneas pero creo que es algo que debo hacer por mí misma en primer lugar y por la persona que me empujó a ello en particular.

 

La experiencia en este campo ha sido singular, no imaginaba ni por un momento todo lo facilitadora que puede resultar la supervisión.. Mirando atrás veo en mi experiencia un antes y un después. Antes me tomaba todo lo que me ocurría en mi entorno sobre todo profesional como algo personal y cada día aprendo a separar mejor el trabajo de mi vida personal. También tengo que reconocer que tener un chiquitín, un niño precioso de 4 añitos, me ha ayudado porque al volver a casa con él me transformo en una “mami” querida y valorada por lo que más quiero.

Ahora, aún a pesar de los altibajos que pueden darse en el día a día, y soy consciente de ello, soy capaz de reflexionar antes de actuar y sobre todo me ha servido para de forma adecuada decir en todo momento aquello que pienso cuidando el cómo y el cuándo, cosa que necesitaba con urgencia ya que mi impulsividad me generaba altercados de los que con frecuencia me arrepentía.

Gracias a mi compañera en este caminar he conseguido empezar a ser yo misma sin culpabilizarme de cómo y qué hago, siendo consciente de las equivocaciones que puedo cometer pero con afán de superarlo y teniendo siempre en cuenta que el dejar para mañana lo que puedo hacer hoy no hace sino entorpecer en el camino.

Una vez estuve a punto de tirar la toalla, lo único que me reprimía además del sustento familiar ( que no es poco) era el pensar que iba a dejar de ver a “mis chicos”(los usuarios del programa que llevo). Ante mi situación una colega me tendió la oportunidad de ir a un espacio llamado Supervisión y gracias a él sigo en el trabajo después de 3 años y medio. Fue todo un alivio. Gracias a este espacio y a mi propio esfuerzo personal estoy comenzando a orientar mis pensamientos a través de mis sentimientos para aprender a llegar a comunicarme tal y como quería pero no sabía.

Ha sido, es y será una verdadera gozada el haber podido participar en esta experiencia, y desde este parrafillo invito a cualquiera a tomarse un tiempo dedicado a sí mismo para poder descubrir la aventura del día a día desde este prisma tan singular. Gracias amiga, gracias a la supervisión.

 

EXPERIENCIA DE SUPERVISIÓN. A.G.M. Maestra de Primaria

Llegué a la Supervisión de la mano de una amiga.

Para ella todo mi agradecimiento porque mi vida desde entonces ha cambiado de forma tan sustancial que puedo decir sin rodeos que soy mucho más feliz.

Al principio me parecía sospechoso. Supervisora me sonaba a una mujer que revisa a otros y mucho. Soy maestra de escuela, en mi trabajo era fácil asociarlo con una inspección. Le escuchaba términos como: escucha, aclararme, devolución, confrontación y ya me parecía distinto si bien no terminaba de entender sobre todo porque no creía que  tuviera que ver conmigo ni con lo que me pasaba.

Y lo que me pasaba, pasa muy a menudo. Llevo 30 años viéndolo y sufriéndolo:

  •  No me gusta que un compañero me diga lo que tengo que hacer y cómo hacerlo.
    •    Trato de imponer mis propuestas y boicoteo si no salen.
    •    Me enfrento a mis compañeros y les critico en el pasillo.
    •    Yo tengo mi propia idea de Escuela.
    •    Me molesta la burocracia y me enfrento al equipo directivo
    •    Me resisto a los cambios.
    •    Abordo la reflexión de mi práctica con actitud de saberlo todo.
    •    Pienso que la culpa de mis fracasos es de otros.

Me desanimo cuando las cosas no van como quiero.

Al final resulta que el trabajo se convierte en una constante fuente de conflictos que da como resultado una gran insatisfacción y un serio desánimo, un camino que conduce a la depresión tal y como muestra la realidad con sus terribles estadísticas.

Partiendo de mis experiencias y vivencias con una reflexión y un modo nuevo de hacerles frente, la supervisión me ha permitido saber:

Cuánto de lo que me pasa es mío y sólo mío, me ha permitido conectar con mis miedos, conocer las limitaciones (mías y ajenas) y trabajar a partir de ellas sin querer cambiar nada que no sea mi propia actitud que, por cierto, es lo único que está en mi mano cambiar.

Me ha posibilitado parar,  separarme de los conflictos, vivirlos con un cierto distanciamiento en contraposición con la obsesión y el darles vueltas.  Me ha permitido escucharme, descubrir PARA QUÉ hago las cosas que hago, es decir, tomar conciencia de mi misma.

Y desde ese cambio interior la perspectiva cambia, el quehacer diario es más satisfactorio, las relaciones mejoran, soy más eficiente, me siento a gusto con lo que hago. Mi energía se dirige adonde verdaderamente importa: los chavales.

A.G.M.: Maestra de Primaria

 

MI EXPERIENCIA EN LA SUPERVISIÓN INDIVIDUAL

La expectativa inicial no era realmente elevada. Pensaba que  tal y como estaba en el trabajo, no  tenía mucho que compartir debido a que en mi trayectoria profesional previa, ya me había dado cuenta de la  importancia de la supervisión. Por eso había  utilizado una partida de mi sueldo a esta cuestión.

Al llegar por tanto la primera vez con mi nueva supervisora, no esperaba nada especial. Un consejo, un poco de buceo en la superficie de la actividad laboral que desempeñaba y un poco de acompañamiento, porqué no.

La sorpresa comenzó en el minuto uno,   fue, el espacio del cuidado, no era un lugar exento de identidad,  era un lugar cálido que me permitió gracias a la acogida, conectar con mi yo mas interno.

Me sentí  profundamente cuidada y mecida por  sugerencias y preguntas hacia mi misma, más allá de mi labor profesional y  de la mano de ella.

Acabé en un mar de lágrimas en lo que supuso reconocer el principio de la supervisión individual,  aventura de autoconocimiento, dejarse querer y permitirse ser en el error y la imperfección.

Esta fue la propuesta en 5 sesiones, este que fue el comienzo del recomenzarme  en el trabajo externo,  en mi quehacer profesional, e interno en  mí hacer de mí renacer.

Aún hoy por conquistar espacios nuevos,  he avanzado tímidamente pero enérgicamente, es decir con autoconciencia hacia otra orilla, la del incorporar la supervisión individual como  propuesta de trabajo de calidad, de  acompañamiento profesional y ¿porqué no? Cómo no somos compartimentos estanco también personal.

Gracias Ana Rosa… querida  chispa de certidumbre que acompañó y sanó mi incertidumbre.

 

M S